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Blog MolokoCharter

22/02

Mis vacaciones soñadas en Ibiza (Parte I)

alquiler de velero en ibiza

Llevaba muchos años diciendo a mi mujer que volveríamos a Ibiza, pero que fletaríamos un barco de vela y que en una semana daríamos la vuelta a Ibiza y Formentera, parando en cada una de las calas que en nuestro primer viaje habíamos conocido y disfrutado de sus maravillosas aguas y arenales blancos.

playas de ibiza

Me preparé detenidamente los trayectos y lugares en los cuales pudiéramos fondear y nadar, así como poder bajar a tierra y comer en algún chiringuito de playa la magnífica oferta de pescado autóctono de la isla.

Lo primero que hice fue buscarme una buena carta náutica de Ibiza y estudiar los lugares de fondeo, tipo de fondo, profundidad y con la ayuda de internet ver en fotos si eran seguros y si eran calas cerradas donde se pudiera resguardar de los diferentes vientos dominantes.

Una vez lo tuve controlado, busqué una de las varias opciones que ofrecen las empresas de chárter: al final me asocié con otras 2 familias ya que el barco más fiable era grande. Exactamente nos quedamos un Hanse 54 de 16 metros de eslora, casi 5 de manga y 2,80 de calado. Este calado nos limitaba alguna cala, aunque no de las más importantes.

 

alquiler velero ibiza

Una vez decidido el modelo, llamamos a Moloko Charter y lo dejamos contratado para la última semana de Junio. Decisión que a la larga nos benefició sobre todo porque aunque hay muchísimos barcos navegando, no llega a la masividad de Julio y Agosto.

Entremos en el detalle del viaje: En función del parte meteorológico podíamos dar la vuelta de salida dirección Sur o Norte, con lo cual podíamos siempre estar a sotavento y resguardo de la isla. La decisión tomada fue de rumbo Norte, dirección a Tagomago. Antes de partir, llenamos la despensa del barco en un autoservicio que luego te lo llevan al Club Náutico y así te evitan el ir cargado.

Antes de salir comimos en el restaurante del club y entre la comida y el café se hizo la hora de salir, más o menos las 6 de la tarde. Ya en el velero, nos repartimos los camarotes, estibamos bien la ropa y partimos dirección la bocana del puerto. La verdad es que mientras navegábamos me sentía como un niño pequeño que le acaban de dar los regalos de Reyes. Presagiaba unos días inolvidables: el tiempo perfecto, la mar plana y viento de tierra de unos 10 nudos.

Nos miramos todos a la altura del Faro de Botafoch y pensamos igual: teníamos siete días para disfrutar del barco. Había que velear el máximo de tiempo, así que velas arriba y paramos el motor. El silencio entró solo roto por el navegar del barco rompiendo la poca mar reinante.

Teníamos previsto navegar hasta Cala Llonga, donde fondearíamos y cenaríamos. Fueron pasando las diferentes calas: Talamanca, S'Estanyol siempre por babor. A estribor solamente el mar. El Hanse 54 navega muy bien y pronto las mujeres se instalan en la proa con colchonetas para recoger los tibios rayos de sol que hay antes de la puesta. Los hombres de momento en popa alrededor del patrón y bebiendo cerveza. Mejor imposible: paz, mar, comida, bebida, etc. En menos de una hora ya estábamos fondeados en Cala Llonga, a unas 5 millas del Puerto de Ibiza. Tras los baños de rigor, decidimos quedarnos en el lugar de fondeo. Siempre hay que revisar la sonda por si bornea el barco y tener claro que no hay problemas de "secas" o rocas.

sunset ibiza

Y llegó el momento de preparar una buena cena.

Allí entraban en escena las señoras para decidir el menú y su confección: hicimos unas ensaladas con frutos secos y pasas y un trozo de queso pasado por la paella y para beber un albariño, finalizando con un café y un postre ibicenco: el "flaón".

Luego salimos a cubierta y contemplamos con gran emoción la noche estrellada y la gran luna llena.

Después de una buena velada compartiendo las últimas experiencias, nos fuimos a dormir. Debíamos madrugar para proseguir nuestra singladura.